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CONFERENCIA
“El Amor Inteligente”
Dr. Enrique ROJAS
Catedrático de Psiquiatría
…se ha producido una volatilización de la palabra amor. A cualquier cosa se le llama amor. Me niego a aceptar que el amor sea interpretado como una enfermedad de mal pronóstico en donde estadísticamente hablando, en más alto porcentaje, empieza a ser más frecuente la relación conyugal rota que la entera.
Son muchas las cosas que yo quiero comentarles. Lo que no me de tiempo está en mi libro “El amor inteligente”, donde pueden ustedes encontrarlo con más detalle. Veo mucha gente perdida en lo fundamental. Uno puede estar perdido en lo accesorio, en lo secundario, en la anécdota, pero no en lo fundamental. Si mi libro “El amor inteligente” tiene algo por lo que merece la pena dedicar unas semanas a trabajar en él es porque hay una metodología del amor conyugal. He tenido la suerte de ver a mucha gente que le ha calado algo del libro mío, sin ser un libro. Yo soy muy realista y con mis posibilidades. Es un libro que tiene mucha materia prima. Hay un fondo de coherencia grande, el menor número posible de contradicciones dentro de él, en donde yo trato de explicar siete elementos que forman este mapa del mundo personal afectivo. Cada uno se relaciona con el otro formando una especie de telaraña enormemente interesante.
En la mitología griega Jano tiene dos caras: una que mira hacia atrás y otra hacia delante. También pasa en nuestra vida. Nosotros los psiquiatras somos un poco como los cirujanos estéticos porque hacemos la cirugía plástica del pasado, ayudamos a alguien a superar las heridas. El mejor escribano echa un borrón. La vida es muy complicada. Yo como psiquiatra me paso el día viendo a gente que sufre. No hay horas ni días para ver lo que uno percibe en una realidad tan complicada como la que vivimos en la actualidad.
Y el amor se ha vuelto un licor engañoso que nos calienta la boca y nos hace perder la cabeza. Hace falta tener un vocabulario personal adecuado sobre el amor. Igual que existe un diccionario de sinónimos y antónimos, un diccionario personal sobre qué entiendo yo sobre lo que significa la palabra amor.
Una anécdota interesante de uno de los personajes más importantes del mundo oriental, Confucio. Confucio era un sabio, un intelectual, del siglo VI a.C. Le preguntaron cuál sería la primera reforma que haría si llegara al poder. Dijo Confucio: “La reforma del lenguaje, llamarle a las cosas por su nombre”. Yo diría lo mismo: llamarle al amor, amor y en la telaraña, en la selva espesa del lenguaje, distinguir entre amar, desear, querer, buscar, sentir. Ahí hay una serie de elementos que se confunden, saltan, suben, bajan, se cuelan unos en otros. En el diccionario clásico hay tres expresiones del amor: diligere, amare y caritas. Diligere es amor efectivo, es amor con voluntad. En síntesis es un amor maduro. ¿Quién ha dicho que los sentimientos no se controlan, no se gobiernan? En segundo lugar, amare es un amor afectivo, un amor en donde se explana el campo sentimental. Uno se cuela en esa riqueza selvática que hay. Y en tercer lugar, caritas, en el lenguaje clásico es donación, entrega, mandatum novum. En el mundo griego se distingue amor de benevolencia, de cercanía; amor de concupiscencia, conyugal, con relación sexual; y amor de complacencia, de amistad.